Por Gustavo Emilio Rosales
El Centro Cultural Los Talleres no sólo es el principal foro independiente para la danza en la ciudad de México; es, también, el único en su clase.
Parece increíble que una urbe tan inverosímilmente grande y poblada como la nuestra sólo tenga un teatro independiente de danza. Es vergonzoso. Pero, lo peor, es estar seguro de que de no ser por el esfuerzo, generosidad y aplicación profesional de Isabel Beteta, su directora, este espacio desde hace tiempo ya no existiría, pues sus precios al público son bajos, el aforo del teatro no es amplio (recordemos que se trata de un ámbito de cámara) y, en ocasiones, los espectadores son pocos.
¿Qué significa actualmente la vigencia del Centro Cultural Los Talleres para el medio de la danza escénica en México? Sin temor a exagerar, se trata de uno de sus últimos reductos de libertad donde, además de apreciar propuestas de diversas partes del mundo, se muestra el trabajo de jóvenes que comienzan su trayectoria artística, y también propuestas de grupos con experiencia, como el Ballet Moderno de México y Nemian, la compañía residente, también dirigida por Beteta.
¿Quién que haya hecho danza contemporánea después de los ochenta no se ha presentado, al menos una vez, en Los Talleres? Pocos, muy pocos. Algunos que hoy parecen consagrados, como Antares y Contempodanza, comenzaron su vida pública en el Distrito Federal justamente ahí: en este pequeño lugar situado, desde hace casi treinta años, en el corazón de Coyoacán.
En Los Talleres se respira la danza. Se promueve, enseña y difunde. La calidad de sus ofertas es variable, cierto; pero también es cierto que Isabel abre puertas a los principiantes que ejercen su necesario derecho al ensayo y al error, y que lo hace con la plena conciencia de brindar un servicio fundamental a nuestro ecosistema coreográfico, que es el de disponer un humus donde puedan germinar nuevos proyectos. Por otra parte, es a los artistas que ocupan este foro a quienes corresponde la responsabilidad de brindar en él obras dignas y coherentes.
Ahora que cursamos tiempos de penuria, en un país que está a punto de jugarse sus cartas decisivas, conviene no olvidar que la danza –en todas partes del mundo- no es un arte de masas, conviene recordar que es un arte que tiene mucho de ceremonial en el encuentro de alguien que acciona y alguien que, al mirar, completa esas acciones en un ámbito poético; se trata, por tanto, de un terreno de búsqueda y hallazgos en la intimidad. Este logro de comunicación bien puede darse en el Centro Cultural Los Talleres a partir de este fin de semana y todos los fines de semana siguientes, hasta el 8 de marzo, dentro de la temporada “Soliloquios y diálogos bailados”, en la que intervendrán bailarines y coreógrafos nacionales y extranjeros.
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