Del Cuerpo-Máquina al Cuerpo Entramado **

Miércoles, enero 7, 2009

Por Denise Najmanovich*

Muchas de las concepciones de la corporalidad dividen el conocimiento en compartimentos estancos. Esta forma de pensar ha limitado lo corporal a lo biológico, lo vivo a lo físico, y lo físico a lo mecánico.

Para salir de esta perspectiva reduccionista e iniciar una reflexión entorno al cuerpo, son oportunas las sabias palabras que Jean Rostand pronunciara en 1939: “En el momento actual, el mecanicismo tiene una posición extremadamente sólida, y uno apenas ve qué puede responderle cuando, cuando en muchos de sus éxitos cotidianos, pide simplemente aplazamientos para terminar su obra, a saber, para explicar completamente la vida sin la vida”.

Todavía hoy, los partidarios del mecanicismo siguen pidiendo postergaciones. A pesar de sus rimbombantes éxitos, no han podido, ni podrán, finalizar su obra, por una razón que explica Gastón Bachelard: “Toda frontera absoluta propuesta en la ciencia es la marca de un problema mal planteado”. En efecto, pensar la vida sin la vida es contenerla dentro de unos cauces que ella misma se ocupa siempre de rebasar.

Descuartizado en aparatos y sistemas, aislado de su medio nutriente, el cuerpo se volvió antónimo del alma. El hombre se separó de la comunidad, la persona del organismo, la humanidad del cosmos. En el pasaje de la sociedad campesina feudal a la sociedad urbana moderna, Sujeto y Cuerpo nacieron por un proceso de desgarramiento, de escisión de la experiencia. Este proceso requirió varios siglos y se expandió hacia diversas dimensiones de la experiencia: desde los modales y protocolos sociales hasta las prácticas políticas, desde la experiencia espacial plasmada en la construcción de mapas y ciudades planificadas hasta la distinción entre los ámbitos públicos y privados, de Galeno a la Medicina Experimental, pasando por De Humani Corporis Fabrica de Vesalio. Todos los aspectos de la vida humana fueron moldeados por un pensamiento que escindió al sujeto de su cuerpo y al individuo de la comunidad.

Esta separación desgarradora entre el Sujeto y el Cuerpo fue una de las múltiples expresiones de un pensamiento que privilegia la sustancia respecto del proceso, la materia con relación a la forma, la estabilidad por sobre la transformación, la simplicidad mecánica por sobre la complejidad de la vida. En la Modernidad, esta ha sido la perspectiva hegemónica y aún goza de amplia difusión. En la actualidad, este pensamiento se ha vuelto un chaleco de fuerza que impide dar cuenta de la experiencia contemporánea.

Afortunadamente, en las últimas décadas del siglo XX, han comenzado a desarrollarse otros paradigmas, otras metáforas, que están rompiendo ese cerco cognitivo y experiencial de la perspectiva dualista. Estos nuevos puntos de vista posibilitan ampliar, enriquecer y sofisticar el pensamiento y la vivencia de la corporalidad.

Hoy, toda certeza parece esfumarse y es preciso un cambio en el pensamiento que dé cuenta de las múltiples dimensiones de la complejidad. Necesitamos nuevas cartografías diferentes del mecanicismo; necesitamos otros instrumentos conceptuales que nos permitan movernos sobre territorios fluidos. En la contemporaneidad, la complejidad se enlaza con la metáfora de la red, la idea de interacción y la perspectiva de la autoorganización, una mirada sin oposiciones dicotómicas.



* Denise Najmanovich es una pensadora argentina. Doctora en epistemología por la PUC-San Pablo; Magister en Metodología Científica y docente.


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